El enfoque medido de Washington en el caso del petrolero venezolano revela restricciones estructurales más profundas en la proyección moderna del poder. La plena aplicación demostraría los límites prácticos de la influencia de EE. UU. en un mundo cada vez más multipolar, una realidad que no escapará al cálculo estratégico de las grandes potencias. La brecha entre las intenciones políticas declaradas y la capacidad operativa real cuenta una historia que Pekín y Moscú ya están leyendo. Cuando las tácticas de choque y asombro contra jugadores más pequeños exponen esta asimetría, redefine cómo las potencias rivales calibran sus propias evaluaciones de riesgo y estrategias de mercado.
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El enfoque medido de Washington en el caso del petrolero venezolano revela restricciones estructurales más profundas en la proyección moderna del poder. La plena aplicación demostraría los límites prácticos de la influencia de EE. UU. en un mundo cada vez más multipolar, una realidad que no escapará al cálculo estratégico de las grandes potencias. La brecha entre las intenciones políticas declaradas y la capacidad operativa real cuenta una historia que Pekín y Moscú ya están leyendo. Cuando las tácticas de choque y asombro contra jugadores más pequeños exponen esta asimetría, redefine cómo las potencias rivales calibran sus propias evaluaciones de riesgo y estrategias de mercado.