El estado de ánimo, es el costo más fácil de pasar por alto. Muchas personas hablan de trading, solo mencionan indicadores técnicos, patrones, lógica, pero muy pocas enfrentan seriamente el problema de las emociones. Para mí, lo que realmente hace que las fluctuaciones de mi cuenta sean mayores, nunca es el mercado, sino las emociones. Cuando tengo ganancias consecutivas, sin darme cuenta, relajo la disciplina, aumento posiciones, persigo precios, pensando que “el estado es perfecto”. Cuando tengo pérdidas consecutivas, también quiero recuperar rápidamente, opero con frecuencia, y el resultado es que cada vez todo se vuelve más caótico. Luego me di cuenta lentamente de que las emociones en sí mismas son parte del costo del trading, y además, son las más difíciles de cuantificar, pero las más mortales. Ahora mi método es muy simple: una vez que tengo dos pérdidas consecutivas, me obligo a detenerme. Si ese día las emociones fluctúan claramente, por ejemplo, por distracciones por otras cosas, simplemente no opero. Operar no es solo analizar el mercado, sino también gestionar a uno mismo. Cuando las emociones están estables, la estrategia tiene sentido; cuando las emociones se descontrolan, incluso la mejor estrategia se deforma.
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El estado de ánimo, es el costo más fácil de pasar por alto. Muchas personas hablan de trading, solo mencionan indicadores técnicos, patrones, lógica, pero muy pocas enfrentan seriamente el problema de las emociones. Para mí, lo que realmente hace que las fluctuaciones de mi cuenta sean mayores, nunca es el mercado, sino las emociones. Cuando tengo ganancias consecutivas, sin darme cuenta, relajo la disciplina, aumento posiciones, persigo precios, pensando que “el estado es perfecto”. Cuando tengo pérdidas consecutivas, también quiero recuperar rápidamente, opero con frecuencia, y el resultado es que cada vez todo se vuelve más caótico. Luego me di cuenta lentamente de que las emociones en sí mismas son parte del costo del trading, y además, son las más difíciles de cuantificar, pero las más mortales. Ahora mi método es muy simple: una vez que tengo dos pérdidas consecutivas, me obligo a detenerme. Si ese día las emociones fluctúan claramente, por ejemplo, por distracciones por otras cosas, simplemente no opero. Operar no es solo analizar el mercado, sino también gestionar a uno mismo. Cuando las emociones están estables, la estrategia tiene sentido; cuando las emociones se descontrolan, incluso la mejor estrategia se deforma.