#白宫加密会议 Cuando un árbitro sale a jugar: ¡Cómo la «cartera de criptomonedas» de Trump bloqueó la ley!
Washington, febrero de 2026, el viento frío azota, pero el aire del mercado de criptomonedas está tan caldeado que resulta inquietante. Justo ayer, unas palabras de un asesor de la Casa Blanca explotaron como una bomba de agua profunda, haciendo estallar la discusión entre K Street (el centro de cabildeo en Washington) y Silicon Valley. Este asesor afirmó sin rodeos: la Casa Blanca nunca tolerará que la ley de criptomonedas incluya cláusulas que «afecten la moral del presidente». En palabras sencillas: queremos aprobar la ley de criptomonedas, pero no pueden regular si el presidente comercia con criptomonedas o cómo gana dinero con las monedas que emite. Esto no es solo un simple discurso político, sino que marca que la regulación del sector cripto ha entrado en la zona más peligrosa de «intereses profundos», dejando atrás la «exploración técnica». ¿Por qué una «cláusula anticorrupción» aparentemente simple ha provocado una reacción tan feroz en la Casa Blanca? Todo comienza con el elefante en la habitación: World Liberty Financial (WLFI).
El elefante en la habitación: Cuando el presidente se convierte en «el proyecto»
Para entender esto, primero hay que retroceder en el tiempo. Durante las elecciones de 2024, la familia Trump lanzó el proyecto DeFi World Liberty Financial (WLFI). En ese momento, muchos pensaron que era solo un «juego» electoral o una estrategia para captar votos. Pero hoy, en 2026, nos damos cuenta de que estaban equivocados: no era solo un juego, sino que se convirtió en un vasto imperio comercial. Justo esta semana (principios de febrero de 2026), los medios revelaron que una empresa estrechamente vinculada a la familia real de los Emiratos Árabes Unidos (UAE) acaba de inyectar una gran cantidad de fondos en WLFI. Y aquí surge el problema. En el mundo financiero tradicional, si el presidente posee acciones de Boeing y promueve leyes favorables a la industria aérea, eso se llama «conflicto de intereses». La solución habitual sería que el presidente venda esas acciones o las ponga en un fideicomiso ciego. Pero en el mundo Web3, la situación se complica aún más. Trump no solo es presidente, sino también un «líder espiritual» de un protocolo DeFi y un posible beneficiario. La situación actual es: el presidente es tanto el «árbitro» que establece las reglas como el «jugador» en el campo, y además acaba de recibir una gran transferencia de un «patrocinador extranjero».
¿Cláusula de moralidad»: ¿una mordaza o un asesinato político?
Los legisladores en el Congreso (especialmente los demócratas y algunos republicanos tradicionales) claramente no se quedan quietos. En la próxima ley de estructura del mercado de activos digitales, intentan incluir una cláusula especial de «moralidad». La lógica central de esta cláusula es simple: para prevenir la corrupción, los altos funcionarios del ejecutivo (incluido el presidente) y sus familiares directos no podrán poseer ni comerciar con activos criptográficos bajo su supervisión durante su mandato, o deberán divulgar direcciones en la cadena de bloques con detalles extremadamente precisos. Para la gente común, esto parece un «antiséptico» lógico. Pero para la Casa Blanca, es una «navaja cuidadosamente afilada». La razón de la reacción tan vehemente de los asesores blancos es doble: 1. Golpe retroactivo: WLFI existía antes de que Trump asumiera el cargo. Ahora, las restricciones legislativas equivalen a forzar al presidente a «cortar carne» o cerrar el proyecto, lo cual viola su propiedad privada. 2. Objetivo político: consideran que esta cláusula es una «trampa política» diseñada a medida para Trump, con el fin de, tras la aprobación de la ley, iniciar un proceso de destitución o batalla legal bajo el pretexto de «violación de moralidad». Es como si dos personas negociaran un negocio y una de ellas dijera: «Puedes firmar el contrato, pero primero tienes que cerrar tu supermercado, porque también vendes en él lo que queremos vender». La Casa Blanca, naturalmente, reaccionaría con furia.
El juego en las aguas profundas: la «locura» de la regulación
¿Qué significa todo esto para los usuarios comunes y la industria? Primero, revela la mayor «locura» en la regulación cripto en EE. UU.: por un lado, toda la industria espera que la regulación se implemente. Necesitamos leyes claras que digan a la SEC qué se puede y qué no se puede hacer, necesitamos que los bancos abran cuentas para empresas cripto con confianza, y que existan más vías de cumplimiento tras los ETF. Pero, por otro lado, el mayor impulsor de la ley —el gobierno de Trump— es también el mayor interesado. Esto crea un «dilema del prisionero» extremadamente incómodo: - Si la ley pasa sin la cláusula de moralidad: WLFI podría obtener una ventaja de cumplimiento «como un favor divino», e incluso convertirse en una especie de «moneda estatal», lo que destruiría los principios de «descentralización» y «competencia justa» que tanto valoran en el cripto. - Si no se llega a un acuerdo sobre la cláusula de moralidad y la ley fracasa: la industria seguirá operando en la zona gris, sin el riesgo de monopolios familiares, pero las puertas del cumplimiento se cerrarán nuevamente. Para los veteranos, esto es como esperar un buen mercado alcista (regulación) y que de repente te digan que esa buena noticia está envenenada (puede distorsionar la estructura del mercado).
El destino de la ley y el costo para el mercado
¿Hacia dónde puede ir la situación en febrero de 2026? 1. Es muy probable que la ley «pase con defectos». La política de la Casa Blanca es tan dura que la cláusula de moralidad probablemente será recortada o reemplazada por un mecanismo de «divulgación blanda» —por ejemplo, solo divulgación, sin obligación de deshacerse de los activos. El Senado controlado por los republicanos no permitirá que la ley quede bloqueada por esta cláusula. 2. WLFI se convertirá en un referente de «cumplimiento» Si la ley se aprueba, el mercado estará atento a los movimientos de WLFI. Si logra obtener todas las licencias, ese camino será la «receta» que otros proyectos DeFi deberán seguir. A corto plazo, será una buena noticia (hay un camino), pero a largo plazo, puede ser un riesgo (rent-seeking). 3. El momento de «desmitificación» del mercado Este asunto enseñará a todos los profesionales de Web3 que la tecnología descentralizada, en última instancia, opera sobre una estructura de poder centralizada. Cuando el código se enfrenta a órdenes administrativas, y los contratos inteligentes a fideicomisos familiares presidenciales, el famoso «Code is Law» debe ceder ante el «Politics is Law».
El gobierno de EE. UU. está atravesando una dolorosa «despertar».
Han descubierto que las criptomonedas ya no son solo un juguete marginal, sino una herramienta financiera que puede vincularse directamente con el poder presidencial. Para nosotros, los inversores, en los próximos meses, además de vigilar las gráficas, debemos estar atentos a las negociaciones en Washington. Porque en esa mesa se decide quién es el árbitro, quién es el jugador, y si esta partida todavía tiene justicia.
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#白宫加密会议 Cuando un árbitro sale a jugar: ¡Cómo la «cartera de criptomonedas» de Trump bloqueó la ley!
Washington, febrero de 2026, el viento frío azota, pero el aire del mercado de criptomonedas está tan caldeado que resulta inquietante. Justo ayer, unas palabras de un asesor de la Casa Blanca explotaron como una bomba de agua profunda, haciendo estallar la discusión entre K Street (el centro de cabildeo en Washington) y Silicon Valley. Este asesor afirmó sin rodeos: la Casa Blanca nunca tolerará que la ley de criptomonedas incluya cláusulas que «afecten la moral del presidente». En palabras sencillas: queremos aprobar la ley de criptomonedas, pero no pueden regular si el presidente comercia con criptomonedas o cómo gana dinero con las monedas que emite. Esto no es solo un simple discurso político, sino que marca que la regulación del sector cripto ha entrado en la zona más peligrosa de «intereses profundos», dejando atrás la «exploración técnica». ¿Por qué una «cláusula anticorrupción» aparentemente simple ha provocado una reacción tan feroz en la Casa Blanca? Todo comienza con el elefante en la habitación: World Liberty Financial (WLFI).
El elefante en la habitación: Cuando el presidente se convierte en «el proyecto»
Para entender esto, primero hay que retroceder en el tiempo. Durante las elecciones de 2024, la familia Trump lanzó el proyecto DeFi World Liberty Financial (WLFI). En ese momento, muchos pensaron que era solo un «juego» electoral o una estrategia para captar votos. Pero hoy, en 2026, nos damos cuenta de que estaban equivocados: no era solo un juego, sino que se convirtió en un vasto imperio comercial. Justo esta semana (principios de febrero de 2026), los medios revelaron que una empresa estrechamente vinculada a la familia real de los Emiratos Árabes Unidos (UAE) acaba de inyectar una gran cantidad de fondos en WLFI. Y aquí surge el problema. En el mundo financiero tradicional, si el presidente posee acciones de Boeing y promueve leyes favorables a la industria aérea, eso se llama «conflicto de intereses». La solución habitual sería que el presidente venda esas acciones o las ponga en un fideicomiso ciego. Pero en el mundo Web3, la situación se complica aún más. Trump no solo es presidente, sino también un «líder espiritual» de un protocolo DeFi y un posible beneficiario. La situación actual es: el presidente es tanto el «árbitro» que establece las reglas como el «jugador» en el campo, y además acaba de recibir una gran transferencia de un «patrocinador extranjero».
¿Cláusula de moralidad»: ¿una mordaza o un asesinato político?
Los legisladores en el Congreso (especialmente los demócratas y algunos republicanos tradicionales) claramente no se quedan quietos. En la próxima ley de estructura del mercado de activos digitales, intentan incluir una cláusula especial de «moralidad». La lógica central de esta cláusula es simple: para prevenir la corrupción, los altos funcionarios del ejecutivo (incluido el presidente) y sus familiares directos no podrán poseer ni comerciar con activos criptográficos bajo su supervisión durante su mandato, o deberán divulgar direcciones en la cadena de bloques con detalles extremadamente precisos. Para la gente común, esto parece un «antiséptico» lógico. Pero para la Casa Blanca, es una «navaja cuidadosamente afilada». La razón de la reacción tan vehemente de los asesores blancos es doble: 1. Golpe retroactivo: WLFI existía antes de que Trump asumiera el cargo. Ahora, las restricciones legislativas equivalen a forzar al presidente a «cortar carne» o cerrar el proyecto, lo cual viola su propiedad privada. 2. Objetivo político: consideran que esta cláusula es una «trampa política» diseñada a medida para Trump, con el fin de, tras la aprobación de la ley, iniciar un proceso de destitución o batalla legal bajo el pretexto de «violación de moralidad». Es como si dos personas negociaran un negocio y una de ellas dijera: «Puedes firmar el contrato, pero primero tienes que cerrar tu supermercado, porque también vendes en él lo que queremos vender». La Casa Blanca, naturalmente, reaccionaría con furia.
El juego en las aguas profundas: la «locura» de la regulación
¿Qué significa todo esto para los usuarios comunes y la industria?
Primero, revela la mayor «locura» en la regulación cripto en EE. UU.: por un lado, toda la industria espera que la regulación se implemente. Necesitamos leyes claras que digan a la SEC qué se puede y qué no se puede hacer, necesitamos que los bancos abran cuentas para empresas cripto con confianza, y que existan más vías de cumplimiento tras los ETF. Pero, por otro lado, el mayor impulsor de la ley —el gobierno de Trump— es también el mayor interesado. Esto crea un «dilema del prisionero» extremadamente incómodo:
- Si la ley pasa sin la cláusula de moralidad: WLFI podría obtener una ventaja de cumplimiento «como un favor divino», e incluso convertirse en una especie de «moneda estatal», lo que destruiría los principios de «descentralización» y «competencia justa» que tanto valoran en el cripto.
- Si no se llega a un acuerdo sobre la cláusula de moralidad y la ley fracasa: la industria seguirá operando en la zona gris, sin el riesgo de monopolios familiares, pero las puertas del cumplimiento se cerrarán nuevamente.
Para los veteranos, esto es como esperar un buen mercado alcista (regulación) y que de repente te digan que esa buena noticia está envenenada (puede distorsionar la estructura del mercado).
El destino de la ley y el costo para el mercado
¿Hacia dónde puede ir la situación en febrero de 2026?
1. Es muy probable que la ley «pase con defectos». La política de la Casa Blanca es tan dura que la cláusula de moralidad probablemente será recortada o reemplazada por un mecanismo de «divulgación blanda» —por ejemplo, solo divulgación, sin obligación de deshacerse de los activos. El Senado controlado por los republicanos no permitirá que la ley quede bloqueada por esta cláusula.
2. WLFI se convertirá en un referente de «cumplimiento»
Si la ley se aprueba, el mercado estará atento a los movimientos de WLFI. Si logra obtener todas las licencias, ese camino será la «receta» que otros proyectos DeFi deberán seguir. A corto plazo, será una buena noticia (hay un camino), pero a largo plazo, puede ser un riesgo (rent-seeking).
3. El momento de «desmitificación» del mercado
Este asunto enseñará a todos los profesionales de Web3 que la tecnología descentralizada, en última instancia, opera sobre una estructura de poder centralizada. Cuando el código se enfrenta a órdenes administrativas, y los contratos inteligentes a fideicomisos familiares presidenciales, el famoso «Code is Law» debe ceder ante el «Politics is Law».
El gobierno de EE. UU. está atravesando una dolorosa «despertar».
Han descubierto que las criptomonedas ya no son solo un juguete marginal, sino una herramienta financiera que puede vincularse directamente con el poder presidencial. Para nosotros, los inversores, en los próximos meses, además de vigilar las gráficas, debemos estar atentos a las negociaciones en Washington. Porque en esa mesa se decide quién es el árbitro, quién es el jugador, y si esta partida todavía tiene justicia.