Durante tres semanas, nadie me preguntó a quién voto. Nadie exigió una opinión sobre el género. Nadie me dijo que eligiera un bando. Un país entero se quedó hombro con hombro, gritando en la misma dirección.


Pasamos los días discutiendo. Izquierda contra derecha. Opiniones de izquierda contra opiniones equivocadas. Vecino contra vecino. Este mundial nos recordó la verdad...
No hay una Noruega de izquierda ni una Noruega de derecha. No hay una Noruega de la ciudad ni una Noruega del campo. Solo hay una Noruega. Y cuando lo recordamos, cuando estamos en el mismo equipo, la vida es muchísimo mejor juntos.
Ayer salimos contra Inglaterra. Dolió, pero está bien que doliera. Lo cargamos juntos.
No recuerdo la última vez que me lo pasé tan bien.
Quizá eso debería decirnos algo.
Somos uno.
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