Hoy, desde la ventana, se ve un paisaje típico de una pequeña ciudad del norte.


Al otro lado de la calle, varios restaurantes familiares de “la hermana” siguen abiertos: techo azul y muros blancos, sencillos y sin pretensiones. De vez en cuando pasa algún coche blanco; los vehículos eléctricos avanzan despacio, recorriendo la vía con calma. Hay árboles frondosos, cables entrecruzados y un cielo algo nublado, pero tranquilo.
No hay rascacielos, ni mucho alboroto de autos; solo se siente el aire más cotidiano de la vida.
A veces, la perspectiva común y corriente del exterior también resulta bastante reconfortante.
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