Las stablecoins han superado al Bitcoin y se han convertido en una fuerza ineludible dentro del sistema financiero global. El suministro en circulación de stablecoins ya ha superado los 300.000 millones de dólares, y el volumen de transacciones en 2024 ha sobrepasado los 23 billones de dólares, desarrollándose como un sistema financiero paralelo al dólar estadounidense. Aunque gran parte de estas cifras proviene del trading de alta frecuencia en exchanges centralizados, las transferencias transfronterizas con stablecoins se están convirtiendo en un indicador importante de la economía real y se prevé que alcancen máximos históricos en 2025.
El crecimiento de las stablecoins ha expuesto crisis financieras en varios países que dependen de ellas. En mercados emergentes como Nigeria, Argentina y Turquía, las stablecoins se han convertido en herramientas esenciales para la supervivencia económica. Debido a problemas de tipo de cambio y controles de divisas, en muchos países la población recurre a las stablecoins como instrumento de ahorro, especialmente en regiones gravemente afectadas por la inflación. Sus ventajas incluyen la liquidación instantánea, la evasión de las restricciones bancarias tradicionales y la posibilidad de ofrecer mayores rendimientos que las cuentas nacionales.
Además, la expansión de las stablecoins ha tenido un impacto significativo en la demanda de deuda pública estadounidense a corto plazo. Muchos emisores de stablecoins respaldan sus tokens mediante letras del Tesoro y acuerdos de recompra, lo que les convierte en compradores clave en el mercado monetario. El FMI señala que la emisión adicional de stablecoins puede influir en los rendimientos de la deuda a corto plazo, lo que refuerza aún más la importancia de las stablecoins en los flujos de capital globales.
Estados Unidos impulsa la regulación del sector de stablecoins a través de la Ley GENIUS, permitiendo que tanto bancos como instituciones no bancarias emitan stablecoins e integrándolas en el sistema de licencias federales. Esta medida consolida la posición dominante de Estados Unidos en el mercado de stablecoins, a la vez que intensifica la fuga de depósitos bancarios en los mercados emergentes y aumenta la demanda de deuda pública estadounidense.
La rápida expansión de las stablecoins supone un reto para el sistema financiero global, especialmente en los mercados emergentes. El FMI advierte que la velocidad de adopción de las stablecoins supera con creces la capacidad de adaptación de los reguladores; estos cambios podrían incrementar la vulnerabilidad del sistema financiero, particularmente en aquellas economías que carecen de capacidad de respuesta.
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