Hasta finales de 2025, la deuda total del gobierno federal de EE. UU. se ha acercado a los 38.4 billones de dólares, lo que equivale a que cada familia estadounidense cargue con aproximadamente 28.5 mil dólares de deuda, y está avanzando a una velocidad de 5 mil millones a 7 mil millones de dólares diarios hacia la marca de 40 billones. Detrás de esta enorme cifra, se encuentra un sorprendente gasto en intereses que supera los 1.2 billones de dólares anualmente.
Tradicionalmente, la deuda pública en expansión constante se ha visto como una presión sobre el valor a largo plazo del dólar, fortaleciendo la narrativa de Bitcoin como “oro digital” y protección contra la inflación. Sin embargo, en esta historia de deuda, está ocurriendo un giro disruptivo: los emisores de stablecoins principales, como USDT y USDC, están transformándose de observadores externos a compradores internos importantes en el mercado de deuda pública, al mantener grandes cantidades de bonos del Tesoro a corto plazo. Este cambio de rol ha generado una vinculación sin precedentes entre el mercado de criptomonedas y el sistema financiero estadounidense —el mercado de deuda y la liquidez global en dólares—, y también ha puesto el futuro de Bitcoin en la cuerda floja entre la fe en la “moneda dura” y las mareas de liquidez a corto plazo.
La estafa de la deuda pública está a punto de tocar techo: una deuda familiar de 28.5 mil dólares
Cuando las cifras alcanzan cierto nivel, a menudo pierden la sensación de realidad. 38.4 billones de dólares —es el total de deuda pública registrado en el sitio “Una centavo de deuda” del Departamento del Tesoro, al 29 de diciembre de 2025. Esta cifra astronómica sigue creciendo a un ritmo de aproximadamente 1.8 billones de dólares anuales, con una velocidad diaria de 5 a 7 mil millones de dólares. A este ritmo, cruzar los 40 billones en verano de 2026 ya no es una predicción lejana, sino una realidad casi inminente.
Para poner esta cifra en una escala “humana”, una forma sencilla es distribuirla entre cada familia estadounidense. Según datos de la Reserva Federal de St. Louis, esto significa que cada familia lleva en realidad una deuda federal de aproximadamente 28.5 mil dólares. Es más que el pago inicial de muchas viviendas, y de inmediato vuelve a poner en la mesa el enorme problema fiscal del país. Pero lo que realmente asusta más que la cantidad de deuda en sí, son los intereses que genera. En el año fiscal 2025, los intereses netos de la deuda del Tesoro alcanzaron un récord de 1.216 billones de dólares. Esto implica que el gobierno debe pagar en intereses cada año más que el PIB de la mayoría de las economías del mundo, salvo unas pocas. Cuando la factura de intereses ya se mide en billones, cualquier movimiento en los rendimientos de los bonos se vuelve extremadamente sensible y nervioso.
Para el mercado de criptomonedas, especialmente para Bitcoin, la historia de la deuda pública estadounidense ha sido durante mucho tiempo un combustible clásico para narrativas macroeconómicas. La insostenibilidad de la deuda y el riesgo potencial de dilución monetaria son el terreno más fértil para la historia de Bitcoin como “oro digital” y “moneda estable”. Cada vez que el mercado duda de la capacidad del dólar para mantener su poder adquisitivo a largo plazo, esta narrativa resuena con más fuerza. Pero en el otro lado, Bitcoin a menudo muestra atributos de “activo de riesgo”: cuando los rendimientos de los bonos (especialmente los rendimientos reales ajustados por inflación) suben, y la liquidez global en dólares se contrae, el precio de Bitcoin suele verse presionado junto con otras acciones tecnológicas de crecimiento. Así, la trayectoria de la deuda en EE. UU. funciona como una moneda de dos caras, impulsando a la vez dos fuerzas opuestas: una que refuerza la fe en su valor a largo plazo, y otra que limita la apetencia de riesgo a corto plazo.
Datos clave sobre la relación entre la crisis de deuda y el mercado cripto
Datos centrales de la deuda
Deuda pública total de EE. UU. (finales de 2025): aproximadamente 38.4 billones de dólares
Deuda promedio por familia: aproximadamente 28.5 mil dólares
Crecimiento diario de la deuda: aproximadamente 5 a 7 mil millones de dólares
Gasto en intereses netos en 2025: 1.216 billones de dólares
Fecha prevista para cruzar los 40 billones: verano de 2026
Mecanismos de impacto en el mercado
Fin de la reducción de balance de la Fed: 1 de diciembre de 2025
Escala de tenencia de bonos a corto plazo por stablecoins: se ha convertido en un importante comprador marginal
Punto de observación clave: informe de perspectivas presupuestarias y económicas CBO 2026-2036 (11 de febrero de 2026)
Giro disruptivo: de observador externo a financiador — las stablecoins ya son los “compradores ocultos” de deuda pública
En los últimos años, el mundo cripto ha visto el mercado de deuda estadounidense como un clima impredecible, como un marinero que observa el tiempo — un entorno externo que no puede controlar, pero que puede decidir si navega a favor o en contra. Sin embargo, esta dinámica está cambiando radicalmente. Hoy en día, una parte del ecosistema cripto está entrando directamente en el mercado de deuda pública, convirtiéndose en un participante cada vez más importante. La clave de este cambio es la stablecoin.
Para mantener su promesa de estar 1:1 con el dólar, emisores principales como Tether y Circle deben mantener reservas de activos altamente líquidos y de bajo riesgo. La mayor parte de estas reservas son bonos del Tesoro a corto plazo y acuerdos de recompra inversa. Con la capitalización total de stablecoins superando los 100 mil millones y en constante crecimiento, su demanda de bonos a corto plazo ha pasado de ser una pequeña fracción a convertirse en una fuerza de compra marginal significativa. Medios como Reuters ya están reportando que los emisores de stablecoins se están convirtiendo en una “fuente de demanda relevante” para los bonos del Tesoro a corto plazo.
Este cambio de rol tiene efectos profundos y contradictorios. Por un lado, la integración de la economía cripto con los mercados financieros tradicionales se profundiza, potencialmente logrando una mayor estabilidad y aceptación. Pero, por otro lado, esto también significa que el destino del mercado cripto está cada vez más ligado a la estabilidad del mercado de deuda pública. Investigadores de la Reserva de Kansas advierten que el aumento en la demanda de bonos por parte de stablecoins implica un “trade-off”: una mayor demanda puede reducir los depósitos en bancos tradicionales, afectando la creación de crédito. En palabras de los traders, “la liquidez global es un estanque, y cuando se extrae agua de allí, inevitablemente afecta otra parte del ecosistema”.
Más aún, hay riesgos de transmisión potenciales. En momentos de presión de mercado, si se produce una ola masiva de redenciones de stablecoins, los emisores podrían verse forzados a vender rápidamente sus reservas de bonos para obtener efectivo. Esto podría aumentar la volatilidad en el mercado de bonos e incluso provocar un “colapso flash” por falta de liquidez. Instituciones como el Brookings ya discuten públicamente estos riesgos. Esto significa que, en una próxima turbulencia en el mercado de bonos, la fuente de la inestabilidad podría estar en el propio mundo cripto, creando un ciclo de retroalimentación complejo.
La magia de la liquidez: la “parpadeo” de la Fed, más importante que los números de deuda
Para entender claramente la relación entre las matemáticas de la deuda en Washington y los gráficos de velas de Bitcoin, el puente más directo suele ser la liquidez —la disponibilidad de fondos en el sistema financiero y su precio. La escala de la deuda es una variable lenta, mientras que la liquidez, con su capacidad de cambiar rápidamente los precios de todos los activos, es una variable rápida.
A finales de 2025, la Fed tomó una decisión clave: anunció que a partir del 1 de diciembre dejaría de reducir su balance (es decir, terminaría con la “reducción cuantitativa”), poniendo fin a años de extracción de liquidez del sistema financiero. Casi simultáneamente, los responsables de política de la Fed comenzaron a comprar bonos del gobierno a corto plazo mediante operaciones de “gestión de reservas”, con el objetivo de mantener las reservas bancarias en niveles “suficientes” para controlar las tasas de interés de forma estable. Aunque los titulares puedan decir que “todo está bien”, la tensión en los fondos sigue presente, y los bancos han comenzado a usar la facilidad de recompra de la Fed, recordando que la vulnerabilidad del sistema puede estar oculta tras una apariencia de calma.
Al juntar estos fragmentos, se revela una realidad que los traders de cripto deben entender: cuando la Fed gestiona cuidadosamente las reservas, el sistema de mercado de dinero está en una especie de equilibrio precario, y la política activa hace que la liquidez sea un factor clave que influye en el precio de Bitcoin más que la misma cantidad de deuda. En un “mercado alcista” con abundancia de liquidez y costos de fondos bajos, Bitcoin sube con facilidad; pero cuando la liquidez se contrae, por muy grave que sea la deuda, Bitcoin puede experimentar dolores similares a otros activos de riesgo.
Tres caminos futuros: la hoja de ruta de Bitcoin ante la marea de deuda
Nadie puede predecir el futuro con certeza, pero sí podemos bosquejar varias trayectorias posibles y analizar cómo podría comportarse Bitcoin en cada una. Esto no es una predicción, sino un mapa mental para afrontar la incertidumbre.
Escenario 1: Lentamente, la deuda sigue creciendo y los rendimientos se mantienen altos.
Es un mundo dominado por “prima de plazo”. Debido a las preocupaciones sobre la oferta a largo plazo y los riesgos de inflación, los inversores exigirán mayores compensaciones para mantener bonos a largo plazo, haciendo que la curva de rendimiento sea empinada. En este escenario, el potencial alcista de Bitcoin existe, pero será muy accidentado. Los rendimientos reales elevados actúan como un imán, sacando capital en busca de “rendimientos sin riesgo” de activos de mayor riesgo. Bitcoin se comportará más como una acción tecnológica de alta volatilidad o un activo de crecimiento, con una correlación más fuerte con índices como el Nasdaq, y la narrativa de “oro digital” como refugio se verá opacada temporalmente.
Escenario 2: Pánico por desaceleración, los rendimientos caen más rápido que la deuda aumenta.
Es un escenario de recesión o desaceleración rápida. La preocupación por la economía supera el temor a la deuda y la inflación, empujando las tasas a la baja y ampliando la liquidez. Aunque la deuda siga creciendo (los déficits en recesión suelen aumentar por los estabilizadores automáticos), lo que más importa es la dirección de los rendimientos y el costo del dinero. La historia muestra que en estos entornos, Bitcoin puede encontrar su camino de mayor crecimiento, ya que el dinero barato reaviva la apetencia por el riesgo, y la escasez de Bitcoin y su alta beta lo hacen un activo muy atractivo.
Escenario 3: “Tantrum” del mercado, subastas frías, shocks políticos o reaparición de la inflación.
Es un escenario de cola, el más caótico. La preocupación por la oferta de bonos, combinada con catalizadores como una subasta desastrosa, datos de inflación inesperados o shocks geopolíticos, puede hacer que los bonos exijan rendimientos más altos rápidamente. Los activos de riesgo, incluido Bitcoin, suelen ser los primeros en caer. Pero si las respuestas políticas muestran signos de “reprimarización financiera”—como una intervención más profunda de los bancos centrales o un aumento en la emisión de bonos a corto plazo para gestionar la deuda—, la narrativa puede cambiar tras el impacto inicial. En ese entorno, Bitcoin como “protector contra la incertidumbre del sistema monetario” podría volver a captar atención y liderar una recuperación tras la caída inicial.
El informe de perspectivas presupuestarias y económicas del Congressional Budget Office, previsto para el 11 de febrero de 2026, será clave para determinar qué escenario tiene más probabilidades, ya que sus proyecciones de déficit, deuda y crecimiento en los próximos diez años marcarán el marco de referencia para los mercados.
Análisis profundo: stablecoins, el “caballo de Troya” que conecta cripto y TradFi
Para entender la disrupción actual, hay que profundizar en qué son las stablecoins y cómo se han convertido en lo que son hoy. En esencia, una stablecoin es una criptomoneda diseñada para mantener un valor estable, generalmente vinculada al dólar u otra moneda fiat. Pero lo que realmente importa es el mecanismo de respaldo de su valor.
Las stablecoins centralizadas más populares (como USDT y USDC) usan un modelo de respaldo completo, en el que la mayor parte de sus reservas son efectivo, bonos del Tesoro a corto plazo y pagarés comerciales. Esto las convierte en, en esencia, fondos del mercado monetario en blockchain, operando 24/7 en todo el mundo. Su crecimiento explosivo ha creado, fuera del sistema bancario tradicional, un nuevo mercado global de crédito en dólares a corto plazo. La demanda de reservas de estas stablecoins se ha traducido directamente en compras de bonos del Tesoro, especialmente bonos a corto plazo, creando una demanda rígida por estos activos. Esto explica por qué el mundo cripto, que antes criticaba el sistema de deuda estadounidense, ahora se ha convertido en un participante que financia esa misma deuda. Esta integración es una espada de doble filo: aporta una conexión sin precedentes entre cripto y finanzas tradicionales, pero también expone a ambos a riesgos sistémicos compartidos. La pregunta de si las stablecoins descentralizadas (como DAI, respaldadas por criptoactivos) podrán ofrecer una alternativa más “nativa” y menos dependiente de la deuda pública será un tema clave en la evolución del sector.
Oportunidades alternativas: además de Bitcoin, ¿qué otros criptoactivos podrían beneficiarse?
En un escenario dominado por la deuda y la liquidez, los inversores astutos no deberían limitarse solo a Bitcoin. Algunos sectores y activos en cripto podrían beneficiarse de diferentes maneras:
Stablecoins descentralizadas y “activos del mundo real”: Si la confianza en las reservas de bonos del Tesoro de las instituciones centralizadas se resquebraja, las stablecoins con respaldo transparente, diversificado y descentralizado podrían ganar terreno. Además, proyectos de tokenización de activos del mundo real (RWA), que incluyen bonos del Tesoro, ofrecen vías en cadena para acceder directamente a estos activos, y su demanda puede crecer en línea con la volatilidad del mercado de deuda.
Criptoactivos “duros” nativos y protocolos de almacenamiento: La narrativa de Bitcoin como “oro digital” puede extenderse a otros activos con escasez y que buscan ser reserva de valor, como Filecoin o Arweave, cuyo diseño económico los hace “más duros” y útiles en un contexto macro de activos “hardening”.
Monedas de privacidad y alternativas soberanas: En escenarios donde la crisis de deuda pueda derivar en mayores controles de capital o impuestos a la riqueza, la demanda por privacidad y activos soberanos puede crecer. Monedas como Monero o Zcash, como herramientas de transferencia de valor “sin censura”, podrían volver a captar interés.
Conclusión: navegando entre fe y liquidez
La deuda de EE. UU. seguirá creciendo, y quizás esa sea la predicción más sencilla. Lo difícil será entender cómo reaccionarán los mercados en cada momento — si con mayor rendimiento, mayor liquidez, o una mezcla de ambas. Bitcoin vive en ese espacio ambiguo: por un lado, una narrativa de fe en su valor a largo plazo; por otro, una realidad de mercado que responde a la liquidez global y a las políticas de corto plazo.
Este espacio se está ensanchando. La expansión de la deuda hace que la visión de Bitcoin como reserva de valor a largo plazo tenga más sentido; pero, al mismo tiempo, los stablecoins que lo sustentan están arrastrando a todo el mercado cripto en las mareas de la liquidez tradicional.
Para los inversores, la clave puede estar en aceptar esa contradicción: reconocer su potencial de protección contra la inflación a largo plazo, como una opción en la cartera; pero también respetar su carácter de activo de riesgo a corto plazo, vigilando las acciones de la Fed, los planes de emisión del Tesoro y el ánimo en las subastas de bonos. Porque, en última instancia, en la corriente de la deuda, la supervivencia a corto plazo dependerá de si puedes surfear la ola de la liquidez, y el éxito a largo plazo, de si apuestas por la narrativa correcta de la historia económica.
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La deuda pública de EE. UU. está a punto de superar los 40 billones de dólares, ¿por qué Bitcoin podría convertirse en el gran ganador?
Hasta finales de 2025, la deuda total del gobierno federal de EE. UU. se ha acercado a los 38.4 billones de dólares, lo que equivale a que cada familia estadounidense cargue con aproximadamente 28.5 mil dólares de deuda, y está avanzando a una velocidad de 5 mil millones a 7 mil millones de dólares diarios hacia la marca de 40 billones. Detrás de esta enorme cifra, se encuentra un sorprendente gasto en intereses que supera los 1.2 billones de dólares anualmente.
Tradicionalmente, la deuda pública en expansión constante se ha visto como una presión sobre el valor a largo plazo del dólar, fortaleciendo la narrativa de Bitcoin como “oro digital” y protección contra la inflación. Sin embargo, en esta historia de deuda, está ocurriendo un giro disruptivo: los emisores de stablecoins principales, como USDT y USDC, están transformándose de observadores externos a compradores internos importantes en el mercado de deuda pública, al mantener grandes cantidades de bonos del Tesoro a corto plazo. Este cambio de rol ha generado una vinculación sin precedentes entre el mercado de criptomonedas y el sistema financiero estadounidense —el mercado de deuda y la liquidez global en dólares—, y también ha puesto el futuro de Bitcoin en la cuerda floja entre la fe en la “moneda dura” y las mareas de liquidez a corto plazo.
La estafa de la deuda pública está a punto de tocar techo: una deuda familiar de 28.5 mil dólares
Cuando las cifras alcanzan cierto nivel, a menudo pierden la sensación de realidad. 38.4 billones de dólares —es el total de deuda pública registrado en el sitio “Una centavo de deuda” del Departamento del Tesoro, al 29 de diciembre de 2025. Esta cifra astronómica sigue creciendo a un ritmo de aproximadamente 1.8 billones de dólares anuales, con una velocidad diaria de 5 a 7 mil millones de dólares. A este ritmo, cruzar los 40 billones en verano de 2026 ya no es una predicción lejana, sino una realidad casi inminente.
Para poner esta cifra en una escala “humana”, una forma sencilla es distribuirla entre cada familia estadounidense. Según datos de la Reserva Federal de St. Louis, esto significa que cada familia lleva en realidad una deuda federal de aproximadamente 28.5 mil dólares. Es más que el pago inicial de muchas viviendas, y de inmediato vuelve a poner en la mesa el enorme problema fiscal del país. Pero lo que realmente asusta más que la cantidad de deuda en sí, son los intereses que genera. En el año fiscal 2025, los intereses netos de la deuda del Tesoro alcanzaron un récord de 1.216 billones de dólares. Esto implica que el gobierno debe pagar en intereses cada año más que el PIB de la mayoría de las economías del mundo, salvo unas pocas. Cuando la factura de intereses ya se mide en billones, cualquier movimiento en los rendimientos de los bonos se vuelve extremadamente sensible y nervioso.
Para el mercado de criptomonedas, especialmente para Bitcoin, la historia de la deuda pública estadounidense ha sido durante mucho tiempo un combustible clásico para narrativas macroeconómicas. La insostenibilidad de la deuda y el riesgo potencial de dilución monetaria son el terreno más fértil para la historia de Bitcoin como “oro digital” y “moneda estable”. Cada vez que el mercado duda de la capacidad del dólar para mantener su poder adquisitivo a largo plazo, esta narrativa resuena con más fuerza. Pero en el otro lado, Bitcoin a menudo muestra atributos de “activo de riesgo”: cuando los rendimientos de los bonos (especialmente los rendimientos reales ajustados por inflación) suben, y la liquidez global en dólares se contrae, el precio de Bitcoin suele verse presionado junto con otras acciones tecnológicas de crecimiento. Así, la trayectoria de la deuda en EE. UU. funciona como una moneda de dos caras, impulsando a la vez dos fuerzas opuestas: una que refuerza la fe en su valor a largo plazo, y otra que limita la apetencia de riesgo a corto plazo.
Datos clave sobre la relación entre la crisis de deuda y el mercado cripto
Datos centrales de la deuda
Mecanismos de impacto en el mercado
Giro disruptivo: de observador externo a financiador — las stablecoins ya son los “compradores ocultos” de deuda pública
En los últimos años, el mundo cripto ha visto el mercado de deuda estadounidense como un clima impredecible, como un marinero que observa el tiempo — un entorno externo que no puede controlar, pero que puede decidir si navega a favor o en contra. Sin embargo, esta dinámica está cambiando radicalmente. Hoy en día, una parte del ecosistema cripto está entrando directamente en el mercado de deuda pública, convirtiéndose en un participante cada vez más importante. La clave de este cambio es la stablecoin.
Para mantener su promesa de estar 1:1 con el dólar, emisores principales como Tether y Circle deben mantener reservas de activos altamente líquidos y de bajo riesgo. La mayor parte de estas reservas son bonos del Tesoro a corto plazo y acuerdos de recompra inversa. Con la capitalización total de stablecoins superando los 100 mil millones y en constante crecimiento, su demanda de bonos a corto plazo ha pasado de ser una pequeña fracción a convertirse en una fuerza de compra marginal significativa. Medios como Reuters ya están reportando que los emisores de stablecoins se están convirtiendo en una “fuente de demanda relevante” para los bonos del Tesoro a corto plazo.
Este cambio de rol tiene efectos profundos y contradictorios. Por un lado, la integración de la economía cripto con los mercados financieros tradicionales se profundiza, potencialmente logrando una mayor estabilidad y aceptación. Pero, por otro lado, esto también significa que el destino del mercado cripto está cada vez más ligado a la estabilidad del mercado de deuda pública. Investigadores de la Reserva de Kansas advierten que el aumento en la demanda de bonos por parte de stablecoins implica un “trade-off”: una mayor demanda puede reducir los depósitos en bancos tradicionales, afectando la creación de crédito. En palabras de los traders, “la liquidez global es un estanque, y cuando se extrae agua de allí, inevitablemente afecta otra parte del ecosistema”.
Más aún, hay riesgos de transmisión potenciales. En momentos de presión de mercado, si se produce una ola masiva de redenciones de stablecoins, los emisores podrían verse forzados a vender rápidamente sus reservas de bonos para obtener efectivo. Esto podría aumentar la volatilidad en el mercado de bonos e incluso provocar un “colapso flash” por falta de liquidez. Instituciones como el Brookings ya discuten públicamente estos riesgos. Esto significa que, en una próxima turbulencia en el mercado de bonos, la fuente de la inestabilidad podría estar en el propio mundo cripto, creando un ciclo de retroalimentación complejo.
La magia de la liquidez: la “parpadeo” de la Fed, más importante que los números de deuda
Para entender claramente la relación entre las matemáticas de la deuda en Washington y los gráficos de velas de Bitcoin, el puente más directo suele ser la liquidez —la disponibilidad de fondos en el sistema financiero y su precio. La escala de la deuda es una variable lenta, mientras que la liquidez, con su capacidad de cambiar rápidamente los precios de todos los activos, es una variable rápida.
A finales de 2025, la Fed tomó una decisión clave: anunció que a partir del 1 de diciembre dejaría de reducir su balance (es decir, terminaría con la “reducción cuantitativa”), poniendo fin a años de extracción de liquidez del sistema financiero. Casi simultáneamente, los responsables de política de la Fed comenzaron a comprar bonos del gobierno a corto plazo mediante operaciones de “gestión de reservas”, con el objetivo de mantener las reservas bancarias en niveles “suficientes” para controlar las tasas de interés de forma estable. Aunque los titulares puedan decir que “todo está bien”, la tensión en los fondos sigue presente, y los bancos han comenzado a usar la facilidad de recompra de la Fed, recordando que la vulnerabilidad del sistema puede estar oculta tras una apariencia de calma.
Al juntar estos fragmentos, se revela una realidad que los traders de cripto deben entender: cuando la Fed gestiona cuidadosamente las reservas, el sistema de mercado de dinero está en una especie de equilibrio precario, y la política activa hace que la liquidez sea un factor clave que influye en el precio de Bitcoin más que la misma cantidad de deuda. En un “mercado alcista” con abundancia de liquidez y costos de fondos bajos, Bitcoin sube con facilidad; pero cuando la liquidez se contrae, por muy grave que sea la deuda, Bitcoin puede experimentar dolores similares a otros activos de riesgo.
Tres caminos futuros: la hoja de ruta de Bitcoin ante la marea de deuda
Nadie puede predecir el futuro con certeza, pero sí podemos bosquejar varias trayectorias posibles y analizar cómo podría comportarse Bitcoin en cada una. Esto no es una predicción, sino un mapa mental para afrontar la incertidumbre.
Escenario 1: Lentamente, la deuda sigue creciendo y los rendimientos se mantienen altos.
Es un mundo dominado por “prima de plazo”. Debido a las preocupaciones sobre la oferta a largo plazo y los riesgos de inflación, los inversores exigirán mayores compensaciones para mantener bonos a largo plazo, haciendo que la curva de rendimiento sea empinada. En este escenario, el potencial alcista de Bitcoin existe, pero será muy accidentado. Los rendimientos reales elevados actúan como un imán, sacando capital en busca de “rendimientos sin riesgo” de activos de mayor riesgo. Bitcoin se comportará más como una acción tecnológica de alta volatilidad o un activo de crecimiento, con una correlación más fuerte con índices como el Nasdaq, y la narrativa de “oro digital” como refugio se verá opacada temporalmente.
Escenario 2: Pánico por desaceleración, los rendimientos caen más rápido que la deuda aumenta.
Es un escenario de recesión o desaceleración rápida. La preocupación por la economía supera el temor a la deuda y la inflación, empujando las tasas a la baja y ampliando la liquidez. Aunque la deuda siga creciendo (los déficits en recesión suelen aumentar por los estabilizadores automáticos), lo que más importa es la dirección de los rendimientos y el costo del dinero. La historia muestra que en estos entornos, Bitcoin puede encontrar su camino de mayor crecimiento, ya que el dinero barato reaviva la apetencia por el riesgo, y la escasez de Bitcoin y su alta beta lo hacen un activo muy atractivo.
Escenario 3: “Tantrum” del mercado, subastas frías, shocks políticos o reaparición de la inflación.
Es un escenario de cola, el más caótico. La preocupación por la oferta de bonos, combinada con catalizadores como una subasta desastrosa, datos de inflación inesperados o shocks geopolíticos, puede hacer que los bonos exijan rendimientos más altos rápidamente. Los activos de riesgo, incluido Bitcoin, suelen ser los primeros en caer. Pero si las respuestas políticas muestran signos de “reprimarización financiera”—como una intervención más profunda de los bancos centrales o un aumento en la emisión de bonos a corto plazo para gestionar la deuda—, la narrativa puede cambiar tras el impacto inicial. En ese entorno, Bitcoin como “protector contra la incertidumbre del sistema monetario” podría volver a captar atención y liderar una recuperación tras la caída inicial.
El informe de perspectivas presupuestarias y económicas del Congressional Budget Office, previsto para el 11 de febrero de 2026, será clave para determinar qué escenario tiene más probabilidades, ya que sus proyecciones de déficit, deuda y crecimiento en los próximos diez años marcarán el marco de referencia para los mercados.
Análisis profundo: stablecoins, el “caballo de Troya” que conecta cripto y TradFi
Para entender la disrupción actual, hay que profundizar en qué son las stablecoins y cómo se han convertido en lo que son hoy. En esencia, una stablecoin es una criptomoneda diseñada para mantener un valor estable, generalmente vinculada al dólar u otra moneda fiat. Pero lo que realmente importa es el mecanismo de respaldo de su valor.
Las stablecoins centralizadas más populares (como USDT y USDC) usan un modelo de respaldo completo, en el que la mayor parte de sus reservas son efectivo, bonos del Tesoro a corto plazo y pagarés comerciales. Esto las convierte en, en esencia, fondos del mercado monetario en blockchain, operando 24/7 en todo el mundo. Su crecimiento explosivo ha creado, fuera del sistema bancario tradicional, un nuevo mercado global de crédito en dólares a corto plazo. La demanda de reservas de estas stablecoins se ha traducido directamente en compras de bonos del Tesoro, especialmente bonos a corto plazo, creando una demanda rígida por estos activos. Esto explica por qué el mundo cripto, que antes criticaba el sistema de deuda estadounidense, ahora se ha convertido en un participante que financia esa misma deuda. Esta integración es una espada de doble filo: aporta una conexión sin precedentes entre cripto y finanzas tradicionales, pero también expone a ambos a riesgos sistémicos compartidos. La pregunta de si las stablecoins descentralizadas (como DAI, respaldadas por criptoactivos) podrán ofrecer una alternativa más “nativa” y menos dependiente de la deuda pública será un tema clave en la evolución del sector.
Oportunidades alternativas: además de Bitcoin, ¿qué otros criptoactivos podrían beneficiarse?
En un escenario dominado por la deuda y la liquidez, los inversores astutos no deberían limitarse solo a Bitcoin. Algunos sectores y activos en cripto podrían beneficiarse de diferentes maneras:
Stablecoins descentralizadas y “activos del mundo real”: Si la confianza en las reservas de bonos del Tesoro de las instituciones centralizadas se resquebraja, las stablecoins con respaldo transparente, diversificado y descentralizado podrían ganar terreno. Además, proyectos de tokenización de activos del mundo real (RWA), que incluyen bonos del Tesoro, ofrecen vías en cadena para acceder directamente a estos activos, y su demanda puede crecer en línea con la volatilidad del mercado de deuda.
Criptoactivos “duros” nativos y protocolos de almacenamiento: La narrativa de Bitcoin como “oro digital” puede extenderse a otros activos con escasez y que buscan ser reserva de valor, como Filecoin o Arweave, cuyo diseño económico los hace “más duros” y útiles en un contexto macro de activos “hardening”.
Monedas de privacidad y alternativas soberanas: En escenarios donde la crisis de deuda pueda derivar en mayores controles de capital o impuestos a la riqueza, la demanda por privacidad y activos soberanos puede crecer. Monedas como Monero o Zcash, como herramientas de transferencia de valor “sin censura”, podrían volver a captar interés.
Conclusión: navegando entre fe y liquidez
La deuda de EE. UU. seguirá creciendo, y quizás esa sea la predicción más sencilla. Lo difícil será entender cómo reaccionarán los mercados en cada momento — si con mayor rendimiento, mayor liquidez, o una mezcla de ambas. Bitcoin vive en ese espacio ambiguo: por un lado, una narrativa de fe en su valor a largo plazo; por otro, una realidad de mercado que responde a la liquidez global y a las políticas de corto plazo.
Este espacio se está ensanchando. La expansión de la deuda hace que la visión de Bitcoin como reserva de valor a largo plazo tenga más sentido; pero, al mismo tiempo, los stablecoins que lo sustentan están arrastrando a todo el mercado cripto en las mareas de la liquidez tradicional.
Para los inversores, la clave puede estar en aceptar esa contradicción: reconocer su potencial de protección contra la inflación a largo plazo, como una opción en la cartera; pero también respetar su carácter de activo de riesgo a corto plazo, vigilando las acciones de la Fed, los planes de emisión del Tesoro y el ánimo en las subastas de bonos. Porque, en última instancia, en la corriente de la deuda, la supervivencia a corto plazo dependerá de si puedes surfear la ola de la liquidez, y el éxito a largo plazo, de si apuestas por la narrativa correcta de la historia económica.