La última entrevista de Musk advierte que los "humanos de la vieja era" deben prepararse para ser desplazados: las oficinas se convertirán en una clase obrera, y la energía será mucho más importante que la IA
Elon Musk predice que los profesionales de cuello blanco serán los primeros en ser eliminados, y que los médicos robots superarán a los humanos en tres años. Esto no es ciencia ficción, sino una redistribución del capital. Este artículo desglosa la lógica detrás de esta “ola supersónica” y analiza cuánto tiempo nos queda para adaptarnos cuando los élites se convierten en redundantes.
(Resumen previo: Musk ve la “gran dispersión de dinero” de Trump como un futuro sin pobreza, donde no será necesario ahorrar)
(Información adicional: La conclusión de 2025 está cerca, y ninguna de las predicciones de Musk se ha cumplido aún)
Índice de este artículo
La inversión de los sistemas de valor: ¿por qué tu MacBook es más peligroso que un martillo?
Energía y hardware: los verdaderos cuellos de botella y centros de poder en la era de la IA
Contraargumentos y reflexión: no uses la “temperatura humana” como excusa para evadir la realidad
Conclusión: elige ser participante, no superviviente
He visto innumerables “Next Big Things”, algunos son burbujas efímeras, otros silenciosamente transforman nuestra vida. Pero esta vez, incluso a mí me da escalofríos.
La reciente conversación entre Elon Musk y el futurista Peter Diamandis no fue solo una visión tecnológica, sino una advertencia de expulsión para la humanidad de la vieja era. Ya no hablan de cambios graduales, sino de un término visual muy potente: “Tsunami supersónico (Supersonic Tsunami)”.
Imagina que un tsunami llega a la costa a velocidad supersónica: los que están en la orilla ni siquiera tienen tiempo de sentir cómo sube el agua antes de ser arrastrados. Esto es exactamente lo que Musk quiere expresar: estamos viviendo un punto singular (Singularity), y la mayoría aún piensa que solo es otra ola tecnológica.
Esta conversación revela seis realidades que pronto cambiarán nuestra percepción: desde la confusión existencial que trae la renta básica universal, la desintegración prioritaria de la clase blanca, la toma total de los médicos robots, la necesidad de expandirse al espacio para satisfacer la demanda energética de la IA, hasta la banalización de la educación superior como simple espacio social, y la urgencia en almacenamiento de energía en la red.
Como analista que sigue de cerca los flujos de capital, debo decir que la hoja de ruta de Musk probablemente sea demasiado optimista—dice que los médicos robots estarán en tres años, pero quizás en seis—sin embargo, su “vector (Vector)” es absolutamente preciso. Nos está diciendo: las reglas del juego del viejo mundo se están desmoronando, y las entradas al nuevo solo quedan por unos pocos momentos para ser tomadas.
Hoy no hablaremos de detalles técnicos, sino de la lógica subyacente a esta transformación y por qué tu ansiedad quizás aún no sea suficiente.
La inversión de los sistemas de valor: ¿por qué tu MacBook es más peligroso que un martillo?
En el último siglo, la sociedad humana construyó una jerarquía de valores sólida: alejándose del trabajo físico, entrando en oficinas; dejando la pala, tomando el ratón. Nos enseñaron que quienes procesan información tienen mayor valor que quienes manipulan átomos. Pero la visión de Musk destruye ese mito: la clase blanca será la primera víctima de esta revolución de IA.
Suena contraintuitivo, pero desde los “primeros principios”, la lógica es irrefutable. La IA es una optimización extrema del procesamiento de información. Para un cerebro basado en chips, redactar contratos, analizar estados financieros o programar son tareas que solo involucran “bits”, sin fricción física, con costos de copia cercanos a cero.
En cambio, hacer que un robot entre en un baño desconocido, esquive ropa sucia en el suelo, arregle un grifo con fugas, involucra “átomos” y física de alta dificultad. El mundo físico está lleno de caos e impredecibilidad, y esa es la mayor vulnerabilidad de la IA actualmente.
Estamos en un momento raro en la historia humana: una “invertida de valores”. Lo que antes considerábamos un trabajo estable en oficina, en esencia, era una máquina biológica de bajo rendimiento. Musk usa una metáfora muy vívida: como la aparición de Excel eliminó a los calculistas con reglas y compases, ahora la IA es ese Excel superpotente, y la mayoría de los blancos son quienes aún llevan calculadoras.
Cuando “trabajar en una computadora” se vuelve la habilidad más automatizable, nuestro sistema de educación superior (Point 5) se vuelve incómodo. El título universitario fue la entrada a la clase blanca, pero ahora puede ser solo un costoso “boleto social”. Si aún dependes de la seguridad que da la educación, quizás estás invirtiendo en un activo que pronto valdrá cero.
Energía y hardware: los verdaderos cuellos de botella y centros de poder en la era de la IA
Si el software es el alma de la IA, la energía es su alimento. La discusión más caliente en Wall Street ya no es “¿qué modelo de IA es mejor?”, sino “¿quién tiene suficiente electricidad?”. Musk mencionó un dato clave: la red eléctrica de EE. UU. opera solo a la mitad de su capacidad máxima. Esto significa que, mediante almacenamiento en baterías a gran escala, podemos duplicar la producción sin construir nuevas plantas.
No es solo una cuestión técnica, sino de geopolítica y economía. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), para 2030, la demanda mundial de energía para centros de datos se duplicará, pasando de 460 TWh en 2024 a más de 1,000 TWh. La sed de energía de la IA es insaciable, y esto explica por qué Musk ve la exploración espacial no solo como un plan para colonizar Marte, sino para trasladar centros de cálculo de alto consumo a órbita, aprovechando la energía solar infinita allí.
Aquí hay una profunda lección de inversión: el futuro de la hegemonía no solo será de las empresas que desarrollen los algoritmos más potentes, sino de quienes controlen los “Julios (Joules)” y el “Almacenamiento (Storage)”.
Cuando el costo marginal de los modelos de IA se acerca a cero, la competencia volverá a lo físico. ¿Quién puede ofrecer energía más barata y estable? ¿Quién puede enviar recursos a órbita más rápido? Esto no es una burbuja económica virtual, sino una guerra de infraestructura física. Musk lo tiene claro: entre la transición energética en la Tierra y el desarrollo de energía en el espacio, hay un enorme espacio de arbitraje, y será el lugar donde nacerán las próximas megaempresas.
Contraargumentos y reflexión: no uses la “temperatura humana” como excusa para evadir la realidad
Al discutir la sustitución humana por IA, la objeción más común es: “Las máquinas no pueden reemplazar la calidez humana”, “la medicina y el derecho necesitan juicio humano”. Muchos profesionales se refugian en esa “fosa protectora de la humanidad”, creyendo que las afirmaciones de Musk sobre “cirujanos robot en tres años superando a humanos” son alarmistas.
Pero esa visión no solo es ingenua, sino peligrosa. Confunde la “esencia del servicio” con el “valor emocional añadido”.
Primero, veamos los datos. Los médicos humanos se cansan, tiemblan, tienen emociones. Según la lógica de Musk de “Triple Exponencial de Crecimiento Recursivo”—es decir, avances exponenciales en software, chips especializados y destreza mecánica—, la evolución de los robots como Optimus será mucho más rápida que la evolución biológica humana. Cuando la precisión quirúrgica de los robots alcance 10 veces la humana, y la tasa de errores sea 1%, las aseguradoras y reguladores serán los primeros en impulsar cirugías robotizadas. ¿Por qué? Porque el capital no se preocupa por la “calidez”, sino por el “riesgo” y la “tasa de indemnización”.
Luego, los críticos suelen citar datos de experimentos de Renta Básica Universal (UBI), como Finlandia o Stockton, que no redujeron la voluntad de trabajar, sino que mejoraron la salud mental. Desde esa perspectiva, predicen que la “perturbación social” y la “pérdida de sentido” de Musk son exageraciones. Pero cometen un error grave de “falacia de escala”.
Esos experimentos de UBI se hicieron en un mundo donde el trabajo todavía existía, y el dinero era un complemento. Musk describe un mundo donde el trabajo desaparece por completo. Cuando ya no eres necesario, cuando la sociedad no requiere tu labor para funcionar, esa angustia existencial no se calma con unos pocos miles de dólares al mes. No es un problema de dinero, sino una crisis filosófica sobre cómo los seres humanos, como animales sociales, definen su valor en una “post-labor” era.
Por eso, si crees que con “calidez” o “creatividad” podrás sobrevivir a la ola de IA, es como tener un paraguas de papel para detener una explosión nuclear: inútil y triste.
Conclusión: elige ser participante, no superviviente
La hoja de ruta de Musk siempre ha sido “poco precisa”, quizás sobreestimó el tiempo para llegar a la meta (quizás diez años en lugar de tres), pero rara vez se equivoca en la forma en que será ese futuro. Enfrentamos un futuro doblemente contradictorio: por un lado, una abundancia material extrema; por otro, una carencia espiritual y de propósito.
Lo más aterrador de esta “ola supersónica” no es su poder destructivo, sino su carácter irreversible. Cuando el costo marginal de la inteligencia artificial llegue a cero, el contrato social antiguo—“aprender habilidades, conseguir trabajo, ganar salario, comprar vida”—se romperá por completo.
En ese punto de inflexión, lo que debes hacer no es temer, sino reajustar tu rumbo. Deja de invertir en habilidades que solo procesan información, y busca aquellas que puedan conectar con el mundo físico o que puedan gobernar y guiar a la IA. Como Musk dice al final, en lugar de intentar frenar la ola, es mejor aprender a surfearla; quizás esa sea nuestra única opción.
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La última entrevista de Musk advierte que los "humanos de la vieja era" deben prepararse para ser desplazados: las oficinas se convertirán en una clase obrera, y la energía será mucho más importante que la IA
Elon Musk predice que los profesionales de cuello blanco serán los primeros en ser eliminados, y que los médicos robots superarán a los humanos en tres años. Esto no es ciencia ficción, sino una redistribución del capital. Este artículo desglosa la lógica detrás de esta “ola supersónica” y analiza cuánto tiempo nos queda para adaptarnos cuando los élites se convierten en redundantes.
(Resumen previo: Musk ve la “gran dispersión de dinero” de Trump como un futuro sin pobreza, donde no será necesario ahorrar)
(Información adicional: La conclusión de 2025 está cerca, y ninguna de las predicciones de Musk se ha cumplido aún)
Índice de este artículo
He visto innumerables “Next Big Things”, algunos son burbujas efímeras, otros silenciosamente transforman nuestra vida. Pero esta vez, incluso a mí me da escalofríos.
La reciente conversación entre Elon Musk y el futurista Peter Diamandis no fue solo una visión tecnológica, sino una advertencia de expulsión para la humanidad de la vieja era. Ya no hablan de cambios graduales, sino de un término visual muy potente: “Tsunami supersónico (Supersonic Tsunami)”.
Imagina que un tsunami llega a la costa a velocidad supersónica: los que están en la orilla ni siquiera tienen tiempo de sentir cómo sube el agua antes de ser arrastrados. Esto es exactamente lo que Musk quiere expresar: estamos viviendo un punto singular (Singularity), y la mayoría aún piensa que solo es otra ola tecnológica.
Esta conversación revela seis realidades que pronto cambiarán nuestra percepción: desde la confusión existencial que trae la renta básica universal, la desintegración prioritaria de la clase blanca, la toma total de los médicos robots, la necesidad de expandirse al espacio para satisfacer la demanda energética de la IA, hasta la banalización de la educación superior como simple espacio social, y la urgencia en almacenamiento de energía en la red.
Como analista que sigue de cerca los flujos de capital, debo decir que la hoja de ruta de Musk probablemente sea demasiado optimista—dice que los médicos robots estarán en tres años, pero quizás en seis—sin embargo, su “vector (Vector)” es absolutamente preciso. Nos está diciendo: las reglas del juego del viejo mundo se están desmoronando, y las entradas al nuevo solo quedan por unos pocos momentos para ser tomadas.
Hoy no hablaremos de detalles técnicos, sino de la lógica subyacente a esta transformación y por qué tu ansiedad quizás aún no sea suficiente.
La inversión de los sistemas de valor: ¿por qué tu MacBook es más peligroso que un martillo?
En el último siglo, la sociedad humana construyó una jerarquía de valores sólida: alejándose del trabajo físico, entrando en oficinas; dejando la pala, tomando el ratón. Nos enseñaron que quienes procesan información tienen mayor valor que quienes manipulan átomos. Pero la visión de Musk destruye ese mito: la clase blanca será la primera víctima de esta revolución de IA.
Suena contraintuitivo, pero desde los “primeros principios”, la lógica es irrefutable. La IA es una optimización extrema del procesamiento de información. Para un cerebro basado en chips, redactar contratos, analizar estados financieros o programar son tareas que solo involucran “bits”, sin fricción física, con costos de copia cercanos a cero.
En cambio, hacer que un robot entre en un baño desconocido, esquive ropa sucia en el suelo, arregle un grifo con fugas, involucra “átomos” y física de alta dificultad. El mundo físico está lleno de caos e impredecibilidad, y esa es la mayor vulnerabilidad de la IA actualmente.
Estamos en un momento raro en la historia humana: una “invertida de valores”. Lo que antes considerábamos un trabajo estable en oficina, en esencia, era una máquina biológica de bajo rendimiento. Musk usa una metáfora muy vívida: como la aparición de Excel eliminó a los calculistas con reglas y compases, ahora la IA es ese Excel superpotente, y la mayoría de los blancos son quienes aún llevan calculadoras.
Cuando “trabajar en una computadora” se vuelve la habilidad más automatizable, nuestro sistema de educación superior (Point 5) se vuelve incómodo. El título universitario fue la entrada a la clase blanca, pero ahora puede ser solo un costoso “boleto social”. Si aún dependes de la seguridad que da la educación, quizás estás invirtiendo en un activo que pronto valdrá cero.
Energía y hardware: los verdaderos cuellos de botella y centros de poder en la era de la IA
Si el software es el alma de la IA, la energía es su alimento. La discusión más caliente en Wall Street ya no es “¿qué modelo de IA es mejor?”, sino “¿quién tiene suficiente electricidad?”. Musk mencionó un dato clave: la red eléctrica de EE. UU. opera solo a la mitad de su capacidad máxima. Esto significa que, mediante almacenamiento en baterías a gran escala, podemos duplicar la producción sin construir nuevas plantas.
No es solo una cuestión técnica, sino de geopolítica y economía. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), para 2030, la demanda mundial de energía para centros de datos se duplicará, pasando de 460 TWh en 2024 a más de 1,000 TWh. La sed de energía de la IA es insaciable, y esto explica por qué Musk ve la exploración espacial no solo como un plan para colonizar Marte, sino para trasladar centros de cálculo de alto consumo a órbita, aprovechando la energía solar infinita allí.
Aquí hay una profunda lección de inversión: el futuro de la hegemonía no solo será de las empresas que desarrollen los algoritmos más potentes, sino de quienes controlen los “Julios (Joules)” y el “Almacenamiento (Storage)”.
Cuando el costo marginal de los modelos de IA se acerca a cero, la competencia volverá a lo físico. ¿Quién puede ofrecer energía más barata y estable? ¿Quién puede enviar recursos a órbita más rápido? Esto no es una burbuja económica virtual, sino una guerra de infraestructura física. Musk lo tiene claro: entre la transición energética en la Tierra y el desarrollo de energía en el espacio, hay un enorme espacio de arbitraje, y será el lugar donde nacerán las próximas megaempresas.
Contraargumentos y reflexión: no uses la “temperatura humana” como excusa para evadir la realidad
Al discutir la sustitución humana por IA, la objeción más común es: “Las máquinas no pueden reemplazar la calidez humana”, “la medicina y el derecho necesitan juicio humano”. Muchos profesionales se refugian en esa “fosa protectora de la humanidad”, creyendo que las afirmaciones de Musk sobre “cirujanos robot en tres años superando a humanos” son alarmistas.
Pero esa visión no solo es ingenua, sino peligrosa. Confunde la “esencia del servicio” con el “valor emocional añadido”.
Primero, veamos los datos. Los médicos humanos se cansan, tiemblan, tienen emociones. Según la lógica de Musk de “Triple Exponencial de Crecimiento Recursivo”—es decir, avances exponenciales en software, chips especializados y destreza mecánica—, la evolución de los robots como Optimus será mucho más rápida que la evolución biológica humana. Cuando la precisión quirúrgica de los robots alcance 10 veces la humana, y la tasa de errores sea 1%, las aseguradoras y reguladores serán los primeros en impulsar cirugías robotizadas. ¿Por qué? Porque el capital no se preocupa por la “calidez”, sino por el “riesgo” y la “tasa de indemnización”.
Luego, los críticos suelen citar datos de experimentos de Renta Básica Universal (UBI), como Finlandia o Stockton, que no redujeron la voluntad de trabajar, sino que mejoraron la salud mental. Desde esa perspectiva, predicen que la “perturbación social” y la “pérdida de sentido” de Musk son exageraciones. Pero cometen un error grave de “falacia de escala”.
Esos experimentos de UBI se hicieron en un mundo donde el trabajo todavía existía, y el dinero era un complemento. Musk describe un mundo donde el trabajo desaparece por completo. Cuando ya no eres necesario, cuando la sociedad no requiere tu labor para funcionar, esa angustia existencial no se calma con unos pocos miles de dólares al mes. No es un problema de dinero, sino una crisis filosófica sobre cómo los seres humanos, como animales sociales, definen su valor en una “post-labor” era.
Por eso, si crees que con “calidez” o “creatividad” podrás sobrevivir a la ola de IA, es como tener un paraguas de papel para detener una explosión nuclear: inútil y triste.
Conclusión: elige ser participante, no superviviente
La hoja de ruta de Musk siempre ha sido “poco precisa”, quizás sobreestimó el tiempo para llegar a la meta (quizás diez años en lugar de tres), pero rara vez se equivoca en la forma en que será ese futuro. Enfrentamos un futuro doblemente contradictorio: por un lado, una abundancia material extrema; por otro, una carencia espiritual y de propósito.
Lo más aterrador de esta “ola supersónica” no es su poder destructivo, sino su carácter irreversible. Cuando el costo marginal de la inteligencia artificial llegue a cero, el contrato social antiguo—“aprender habilidades, conseguir trabajo, ganar salario, comprar vida”—se romperá por completo.
En ese punto de inflexión, lo que debes hacer no es temer, sino reajustar tu rumbo. Deja de invertir en habilidades que solo procesan información, y busca aquellas que puedan conectar con el mundo físico o que puedan gobernar y guiar a la IA. Como Musk dice al final, en lugar de intentar frenar la ola, es mejor aprender a surfearla; quizás esa sea nuestra única opción.