Cuenta una historia sobre el matrimonio: una mujer se ha casado dos veces y en ambas ocasiones el motivo de su divorcio fue la imposibilidad de soportar una violencia doméstica severa. Después de su segundo divorcio, ella pensaba que los hombres no eran buena compañía. Sin embargo, en ese momento apareció un hombre tierno y sincero que la perseguía con seriedad. Ella se conmovió y ambos se casaron. Los amigos estaban felices por ella, pensando que finalmente podría tener una buena vida.
Pero, para su sorpresa, en la segunda semana de matrimonio, volvió a resultar herida. Los amigos acudieron a su casa y comenzaron a cuestionar a su esposo, preguntándole por qué no valoraba a su esposa. Sin embargo, uno de sus amigos psicólogos, tras una minuciosa investigación, reveló la verdad de la situación.
Resulta que, por una trivialidad, ambos comenzaron a pelear, y la discusión se intensificó. La mujer empezó a gritar histéricamente: “¿Quieres pegarme? ¡Pega! ¡Si no pegas, no eres un hombre!” El esposo respondió inicialmente con calma: “Solo estamos discutiendo, nunca actúo así normalmente, ¿cómo podría pegarte?” Sin embargo, la mujer continuó provocándolo, y finalmente el esposo perdió el control, quedó en blanco y le dio un puñetazo.
Este incidente refleja que, en el subconsciente de esta mujer, quizás se estaba “llamando” a la tragedia una y otra vez. Aunque en la superficie buscaba la felicidad, en su subconsciente estaba validando su creencia: que los hombres finalmente serían violentos. Este patrón subconsciente impulsó su comportamiento y palabras, provocando la agresividad del esposo. Después de ser golpeada, aunque sufrió, su subconsciente pudo haber obtenido una especie de satisfacción narcisista—su creencia fue una vez más confirmada: “Los hombres no son confiables.”
Esto nos recuerda que buscar la felicidad no siempre es instintivo. Muchas veces, lo que realmente queremos en lo profundo es validar nuestro juicio sobre el mundo. Un subconsciente negativo puede guiar el destino de diversas maneras, haciendo que la persona continúe “interpretando tragedias.”
La misma lógica se aplica a las inversiones y a la vida. El mundo en esencia es complejo y caótico. El mercado de valores es un ejemplo típico: si en tu subconsciente crees que el mercado tiene valor, mostrará valor; si piensas que solo es una apuesta, te devorará como un casino. La mayoría de las personas no creen en su capacidad de ganar dinero en su subconsciente, por lo que en su comportamiento muestran características que conducen a pérdidas, incluso si en ocasiones ganan, sienten que todo es ilusorio y poco real.
Nuestro mundo parece material y racional, pero los verdaderos factores que determinan el destino a menudo están en nuestro interior. La conducta humana y el camino de la vida están profundamente impulsados por el subconsciente. Este construye barreras invisibles que limitan la voluntad libre. La gente puede lograr todo lo que desea, pero a menudo está atada por su propio cerebro.
Como una frase que vi en la secundaria: “Los pájaros tienen todo el cielo, pero aún así vuelven a volar en un espacio reducido.” Los pájaros son impulsados por sus genes, pero los humanos pueden percatarse de su subconsciente, identificar esos patrones mentales inexplicables y, poco a poco, superarlos, reescribiendo su destino.
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Cuenta una historia sobre el matrimonio: una mujer se ha casado dos veces y en ambas ocasiones el motivo de su divorcio fue la imposibilidad de soportar una violencia doméstica severa. Después de su segundo divorcio, ella pensaba que los hombres no eran buena compañía. Sin embargo, en ese momento apareció un hombre tierno y sincero que la perseguía con seriedad. Ella se conmovió y ambos se casaron. Los amigos estaban felices por ella, pensando que finalmente podría tener una buena vida.
Pero, para su sorpresa, en la segunda semana de matrimonio, volvió a resultar herida. Los amigos acudieron a su casa y comenzaron a cuestionar a su esposo, preguntándole por qué no valoraba a su esposa. Sin embargo, uno de sus amigos psicólogos, tras una minuciosa investigación, reveló la verdad de la situación.
Resulta que, por una trivialidad, ambos comenzaron a pelear, y la discusión se intensificó. La mujer empezó a gritar histéricamente: “¿Quieres pegarme? ¡Pega! ¡Si no pegas, no eres un hombre!” El esposo respondió inicialmente con calma: “Solo estamos discutiendo, nunca actúo así normalmente, ¿cómo podría pegarte?” Sin embargo, la mujer continuó provocándolo, y finalmente el esposo perdió el control, quedó en blanco y le dio un puñetazo.
Este incidente refleja que, en el subconsciente de esta mujer, quizás se estaba “llamando” a la tragedia una y otra vez. Aunque en la superficie buscaba la felicidad, en su subconsciente estaba validando su creencia: que los hombres finalmente serían violentos. Este patrón subconsciente impulsó su comportamiento y palabras, provocando la agresividad del esposo. Después de ser golpeada, aunque sufrió, su subconsciente pudo haber obtenido una especie de satisfacción narcisista—su creencia fue una vez más confirmada: “Los hombres no son confiables.”
Esto nos recuerda que buscar la felicidad no siempre es instintivo. Muchas veces, lo que realmente queremos en lo profundo es validar nuestro juicio sobre el mundo. Un subconsciente negativo puede guiar el destino de diversas maneras, haciendo que la persona continúe “interpretando tragedias.”
La misma lógica se aplica a las inversiones y a la vida. El mundo en esencia es complejo y caótico. El mercado de valores es un ejemplo típico: si en tu subconsciente crees que el mercado tiene valor, mostrará valor; si piensas que solo es una apuesta, te devorará como un casino. La mayoría de las personas no creen en su capacidad de ganar dinero en su subconsciente, por lo que en su comportamiento muestran características que conducen a pérdidas, incluso si en ocasiones ganan, sienten que todo es ilusorio y poco real.
Nuestro mundo parece material y racional, pero los verdaderos factores que determinan el destino a menudo están en nuestro interior. La conducta humana y el camino de la vida están profundamente impulsados por el subconsciente. Este construye barreras invisibles que limitan la voluntad libre. La gente puede lograr todo lo que desea, pero a menudo está atada por su propio cerebro.
Como una frase que vi en la secundaria: “Los pájaros tienen todo el cielo, pero aún así vuelven a volar en un espacio reducido.” Los pájaros son impulsados por sus genes, pero los humanos pueden percatarse de su subconsciente, identificar esos patrones mentales inexplicables y, poco a poco, superarlos, reescribiendo su destino.