Muchos padres chinos empujan a sus hijos de manera unánime hacia la escuela y la sociedad, como si así se completara la “educación”. Pero la escuela y la sociedad, nunca consideran a los hijos como personas, solo como indicadores, calificaciones o piezas reemplazables. Por eso, aquellos niños que originalmente eran alegres, optimistas y con sensibilidad, en repetidas ocasiones aplastados, podados y disciplinados, van perdiendo poco a poco su yo, volviéndose insensibles y sumisos, como marionetas a las que se les ordena y que pueden ser colocadas en cualquier momento. Cuando ya están casi agota
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