Todos estos héroes en tiempos de caos, todos aquellos con corazones llenos de malicia, que desean ser dictadores, y aquellos que ya se han convertido en dictadores, comparten una característica altamente consistente: cuando hablan y actúan en su propio interés, sus palabras son siempre especialmente grandilocuentes, llenas de justicia, responsabilidad y salvación de la humanidad, con una moralidad y benevolencia aparentes. Nunca dicen que vienen a tomar el poder, sino que afirman que vienen a “rescatar a los sufrientes”.\n\nLa llamada “rescate del sufrimiento de las masas” no podría ser más vívida — parece como si el pueblo estuviera colgado al revés, sufriendo inmensamente, y ellos solo actúan por conciencia para bajarlos. En cuanto a qué pasa después de bajarlos, si vuelven a colgarlos con otra cuerda, eso es asunto de después.\n\nUna vez que se lanza esta explicación, inmediatamente se encuentra un alma gemela: tú afuera, yo adentro, trabajando en conjunto, los grandes asuntos del mundo parecen ya estar resueltos. La justicia, siempre ha sido el idioma de cooperación más barato y eficiente. Y en un contexto social más amplio, no es sorprendente que estas palabras tengan efecto. Porque esta sociedad ya ha sido completamente domesticada en una paz prolongada y estable.\n\nDécadas de paz han alejado a las personas de las presiones y peligros de la realidad, sumergiéndolas en la sofisticación, la elegancia y la autoadulación. La cultura busca la belleza formal, la vida adora los placeres ilusorios, e incluso consideran como una especie de “píldora de la inmortalidad” hecha de múltiples sustancias tóxicas, y creen firmemente en ello.\n\nCuando la fantasía se toma por verdad, la realidad parece vulgar y superflua. En este ambiente, las cualidades de “fuerza”, “determinación” y “capacidad para asumir riesgos” gradualmente desaparecen; en su lugar, se valoran la fragilidad como belleza y la impotencia como nobleza. Un cuerpo débil y movimientos lentos, en cambio, se convierten en símbolos de elegancia y estatus.\n\nUna sociedad comienza a odiar sistemáticamente la fuerza, pero sueña con que nunca llegue el momento en que se requiera fuerza. Así, cuando realmente surge un peligro con impacto en la realidad, todo el sistema parecerá sumamente absurdo.\n\nHay una escena irónicamente significativa: una persona encargada de administrar la capital, asustada y desconcertada solo por el relincho de un caballo de guerra, incluso incapaz de distinguir entre un caballo y un tigre. Esto no se debe a su ignorancia, sino a que décadas de “paz y tranquilidad” le han hecho perder la capacidad de juzgar la realidad.\n\nEsto explica precisamente una lógica cruel: cuando una sociedad ha estado sumida durante mucho tiempo en una falsa tranquilidad, la “narrativa de justicia” de los héroes en tiempos de caos parecerá especialmente atractiva; y la verdadera calamidad, a menudo, comienza silenciosamente en medio de estas palabras encantadoras.

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