El dolor a veces no proviene del evento en sí, sino de que seguimos rumiando sobre él después de que ha pasado, lo que en psicología se conoce como pensamiento rumiativo. Hay dos razones principales por las que las personas tienen dificultad para dejar de pensar repetitivamente: primero, aunque el evento objetivamente ha terminado, la emoción aún no ha sido procesada y la experiencia interna permanece en el pasado; segundo, proviene del perfeccionismo, no es que no podamos aceptar el evento en sí, sino que no podemos aceptar al yo que no actuó lo suficientemente bien en ese momento, y el conflicto entre el yo ideal y el yo real hace que el cerebro continúe realizando "reparaciones imaginarias". La clave para lidiar con la rumiación es aprender a observar los pensamientos negativos cuando surgen, en lugar de dejarse arrastrar por ellos, recordándote a ti mismo que estos pensamientos son solo imaginaciones del cerebro, no hechos. Al mismo tiempo, al traer la atención al presente y amplificar la percepción de los sentidos de la realidad, ayudas al cerebro a distinguir entre la imaginación y la realidad, recuperando el sentido de control. El pasado ya no puede cambiarse, pero las acciones de este momento siguen estando bajo nuestro control.

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